No es una ciudad
Rosario
en verano
es un estado del cuerpo.
El asfalto escupe
su respiración espesa
las veredas devuelven el sol
como si no hubiera
sombra suficiente
para la siesta acumulada.
La luz suda.
Debajo de las pestañas
la mirada se mueve
entre lo que quema
y lo que persiste.
Los
edificios se inclinan
con irregularidad aprendida
paredes que guardan veranos antiguos
persianas donde la penumbra
bosteza.
